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| | Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad | |
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| Autor | Mensaje |
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Morgana Le Arnauld Sweet Dream

Posts: 1086 Join date: 01/10/2009 Age: 19
 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Jue Ene 28, 2010 1:57 am | |
| Al fin conseguí despertar, liberar mi cuerpo del sueño, a pesar de que el sol del atardecer aun teñía el cielo del oeste con sus últimos rayos. No era costumbre en mi despertar tan temprano, pero aquel no era un momento corriente, pocos días antes había sentido una revelación, era mientras dormía, voces en mi cabeza. En esos últimos días mi descanso había sido perturbado por esos sueños y llamadas:
Espíritus de la Oscuridad que duermen bajo estas tierras.. Caminantes Nocturnos, hijos de la misma maldición, nosotros los Guardianes de las Crónicas os invocamos.. El tesoro mas preciado de nuestra hermandad ha sido hurtado.. Nuestra existencia entera depende de el.. Naqda Dissaor sera el sitio de reunión.
Eso oía una y otra vez en mi cabeza, me preguntaba a que se debería, no era una demente Malkavian, no podía estar volviéndome loca, aquella llamada era lejana, pues la ciudad que se erguía sobre mi cabeza estaba lejos de Naqda Dissaor, aun así ¿por que no iba a acudir a la llamada de mis hermanos vástagos, aunque no sabia en que podía ayudar alguien del clan Toreador como yo, nos dedicábamos a otras cosas, tales como visitar museos, organizar fiestas... no era propio de nosotros ir tras un ladrón, aun así sentía que debía de ir.
Ahora ya estaba cerca, de hecho estaba allí, Naqda Dissaor, curioso lugar, llamado la ciudad maldita... era gracioso las ansias de los vivos por poner esos nombres, temían lo que no veían mas allá de sus narices, se dejaban llevar por sus sentamientos y el miedo era el que en mayor medida sentía, no tardé en dar con el lugar de la reunión, muchos hijos de la noche como yo se reunían en aquella ciudad, por lo que fue fácil que me llevaran allí, en la puerta habían tres ghouls, el mas bajo aunque de formidable contextura fue quien me se adelantó para hablar.-¿Vienes por la llamada? -me dijo con todo seco y poco amistosoMe limite a asentir, aunque mi bestia me pedía arrojarme contra ese ghoul partirle el cuello y desmembrarlo, pude controlar mi instinto, odiaba la descortesía, aun así simplemente lo seguí, era una antigua catedral pagana, su estilo gótico con esas muestras de arquitectura me impresionaba, no era la mejor catedral que había visitado pero si tenia un acabado esplendido, sus habitaciones eran grandes, sus paredes ser erguían orgullosas sobre aquella piedra negra... ya llegábamos, ante mi una gran sala, allí había algunos vástagos, di un rápido vistazo a todos, el ghoul había desaparecido, aunque no volví mi rostro, caminé desafiante, con paso firme hasta donde estaban reunidos, apenas rozaba la veintena en el momento de mi abrazo... mi tez apenas había perdido una sombra de aquel rubicundo por el que las habitantes de mi nación eran conocías. Llevaba un vestido bizantino, coronado por una estola enjoyada y decorada de color purpura y dorado hecha del mas fino brocado de seda. La manga zurda acampanada de mi vestido flotaba libremente alrededor de mis muñeca al levantar mi brazo en señal de saludo...-He venido por aquella extraña e irrespetuosa llamada... -dije seria, no acostumbraba a sonreír, menos aun cuando no me sentía cómoda ante tanto extraño, ¿quien seria el o la líder de todo aquello? ¿seria mi amigo o enemigo?, muchas sensaciones... muchas preguntas aun... pero por lo que vi la reunión estaba apunto de acabar y yo no sabia nada, dudaba que se dignaran a explicármelo, así que no cambié mi seria expresión, esperando alguna respuesta, algo por lo que poder empezar._________________ +†+ Morgana le Arnauld +†+ |
|  | | Evangeline La Tempestad

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Jue Ene 28, 2010 11:52 pm | |
| La joven ,que en distancia pudo ver como se colocaba en un trono, todo estaba en silencio, nadie hablaba, ni ella ni el chico solo se dispuso a observales.Evangeline al percatarse de ello, la siguió con la mirada, ambas pupilas quedaron enfrentadas, hasta que esta la desvió mirando al único varón vampirico que había, y finalmente pudo ver su rostro, Una luz tibia iluminó por segundos su blanca piel, y los más llamativo, sus ojos. Por su reacción parecía un poco sorprendida, por la aparición de la joven Evangeline y de la otra mujer que había entrado justo detrás suya, esta musitó algo que la joven vampiresa prefirió ignorarlo,manteniendose firme,siendo pasiva en lo que veía y oía. Pero hubo un momento en el que un silencio adormelizador llenó aquella sala,nadie decia nada.Pero todo ese silencio duró escasos segundos,siendo interrumpida por un siseo,los ojos de Evangeline se dirigieron hasta el suelo,viendo como reptaba una serpiente en dirección a la joven chiquilla, la cual no parecia tener miedo,"Ah, mi dulce Hécate, has vuelto", Evan enarcó una ceja al ver tan extraño gesto pues le parecia patetico como podía tener de acompañante a un ser tan ¿escurredizo?, per de igual modo mantuvo su postura, y esperó a que explicase acerca de lo que tenian que recuperar. "Hace cinco días, un codice fue robado del templo de Set, a diferencia de la mayoria de los que ahi se guardan, no habla de la historia del Clan.. El Códice robado lleva la historia verdadera de nuestro génesis, y puede significar tambien nuestra destrucción", tras aquellas palabras una rafaga de aire sin origen hizo que aquellas antorchas que iluminaban el rostro de la joven como los de las antorchas que habia en el lugar hiciese un amago de apago,pero finalmente todo pasó.Como consecuencia de quela rafaga los pelos de Evangeline se movieron a doquier quedand por delante de sus rostro.Esta se los retiró y observó a la joven que con movimientos suaves andaba hacia donde ellos estaban. "Es de vital importancia que ese códice sea recuperado en el menor tiempo posible, tenemos unicamente dos dias para ello, la Orden de la Rosa nos pisa los talones, tenemos en contra las mañanas, mientras que ellos las aprovechan".Evangeline hizo una mueca, que acompaño a su vez cerrando su puño, tan fuerte ue se podia escuhar como uno de los hueoso desus dedos crujia. No podemos permitirlo-pensó para sí la vampiresa, mientras seguia observando y eshando a quien parecia tener en su mente un plan. Dela nada apareció de nuevo aqué hombrecillo que en un inicio le impidió seguir su camin y que desues le indicó el caminoa seguir,"La vieron mi señora, cerca del desierto de Pragath.. Mi señora.. La Orden acampa cerca de ahi"- Mierda...-pensaba para si la vampiresa.Mintrasdesapretaba su mano y la dejaba relajada,paralela a su cuerpo. En los segundos escasos que pasarón para asi volver la vista a la joven, la serpiente que la acompañaba, ya no estaba.Pero ahora eso no importaba, esperaba algunas palabras por parte de la chiquilla, tras aquél mensaje,"No hay tiempo que perder.. Si deciden aceptarlo, su paga será en metálico, con un pequeño bono especial para quien lo recupere..". Los dos que habian llegado antes que la joven accedierón a recuperarlo.Y cuando quiso responder,alguien más hizo su aparición por el lugar,"He venido por aquella extraña e irrespetuosa llamada...", esta enarcó una ceja y segundos despues- Bien..todo sea por recuperarlo-dijo con tono serio, mientras la miraba. Esata apoyó una de sus manos sobre el mango de su espada, mientras esperaba con ansia el empezar todo aquello. _________________  | Spoiler: | | |  |
"Ya queda menos para el nuevo despertar, mi chiquillo" |
|  | | Lillith

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Mar Feb 02, 2010 11:44 pm | |
| Offrol: Morgana, por favor, ¿podrias poner tu narrativa de un tono mas claro?, que de por si estoy algo ciega y se me dificulta leerlo ^^ Gracias! Onrol: Lillith acogió con indiferencia las proclamas a favor de ese trio de vampiros; el unico que realmente le preocupaba era Vlad, en sus ojos podía leerse un efímero impulso que probablemente traería problemas, pero... ¿Que era la inmortalidad sin riesgo? -Entonces, no queda mas que partir, tenemos toda la noche por delante, Phobos y Dèoir serán nuestras guardianas. El tiempo apremia-Mas la solemne retirada de La Dama de las Serpientes fue interrumpida por un murmullo de sedas y la voz irritante, por lo mismo que insolente, de una vampiresa recién llegada, todo en ella causaba repelencia en Lillith, desde su porte antiguo y altivo, hasta el desdén con el que mencionó la llamada de los Guardianes de las Crónicas -Parece que tenemos una rezagada en nuestras filas-Susurró, barriendo con la mirada a aquella vampiresa de porte elegante, y chasqueando la lengua con suavidad retrocedió de nuevo hacia las sombras, mientras Hécate, la serpiente que servia a Lillith, serpenteaba en su misma dirección, como si fuera una extensión mas de aquella hermosa chiquilla de fríos ojos grises. -Síganme-Musitó en una hastiada pero férrea orden, pasando por detrás del esplendido trono donde se hallaba sentada antes. Sus manos aferraban firmemente la botella verdosa que contenia la vitae de su propio sire, antigua y codiciada, maldita por su procedencia traicionera, pero al mismo tiempo tan necesaria para su campaña, mientras se movia en la sala. Detrás del trono, con finos decorados de aspectos reptilianos, se encontraban una serie de serpientes que simulaban recorrer el espacio circundante de lado a lado. De forma hipnótica, las serpientes se cruzaban sobre si una y otra vez, haciendo que fuera fácil "perder" de vista a alguna, pero no para Lillith, que bien conocía ya el funcionar de aquellos pasadizos. Presionando con una mano la cabeza de una de las serpientes durante unos segundos, y a continuación presionando otra, cautelosamente ocultó con el resto de su brazo en una sutil maniobra, el trono dio la impresión de temblar por unos segundos, y entonces descendió sobre si mismo, girando varias veces hasta quedar por debajo del nivel del piso formando una tétrica y tosca escalera, que terminaba en la boca de un antiguo y polvoroso pasadizo. -Como bien decía hace unos instantes, el Códice robado al Clan de los Guardianes de las Crónicas, es único e invaluable, puede condenarnos o salvarnos; ustedes han accedido a ser parte de esta búsqueda, una vez desciendan por esa escalera, no habrá marcha atras-El oscuro abismo se abría ante ellos, esa pequeña escalinata de piedra los separaba de la muerte o la segura vida inmortal.. _________________  |
|  | | Victoria de Valo Sweet Pandemonium

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Miér Feb 03, 2010 8:55 pm | |
| Honestamente, no creí que alguno de los presentes se rehusase a la aventura. El preguntar si queríamos estar en tamaña empresa era puro formulismo. No habíamos hecho un viaje desde nuestros respectivos hogares sólo para charlar... Así que no había ninguna sorpresa en nuestros asentimientos. Aunque, por cierto, la cosa se estaba poniendo divertida. La llegada de una nueva integrante del grupo nos colmó de advertencias y promesas finales. Me volví a mirarla disimuladamente y ahogué una risita. !Que me colgasen si la solemne mujer no era una pretenciosa Ventrue o una pomposa Toreador! Tenía todo el porte de una. Tal vez pude haberme aventurado a citarla como Tremere, pero aquellos magos sangrientos siempre tienen la traición en la mirada, cosa que la vampiresa que se nos había unido carecía. Si ella había deseado más discreción en su venida, podría haber llegado más temprano. Era tan propio del clan, llegar al último para ser la pieza más dramática de todas. Disimulé una sonrisa socarrona. Aquello no tenía mayor importancia para mí que una simple diversión por lo que podría significar. Aunque puede que no significase gran cosa. Me había dado cuenta que la señorita elegante no estaba muy contenta con haber recibido el llamado de ese modo. ¿Qué esperaba? ¿Una invitación con fanfarrias y trompetas? Me sería muy ameno observar como los egos de ambas vampiresas (La Dama de las Serpientes y la recién llegada, claro está) chocaban. ¿Se tensarían lo suficiente para resultar entretenidas? Ojalá sí, porque me estaban entrando ganas de realizar una nueva broma. Sabía bien que no era tiempo para una de ellas, pues lo que estaba en juego era lo suficientemente fuerte para calmarme, pero diantres, sigo siendo Malkavian, con todo y mi perfecto autocontrol. Igual y no tenía que hacer nada en ese aspecto y todo se desarrollaría por su propio pie, pero era bueno archivar cosas como esa en la memoria. Intenté volver al momento presente en lugar de perderme en mis pícaras eculubraciones. Todos estábamos caminando siguiendo a la mujer que nos guiaría y me pregunté qué tan seguido estaríamos en contacto con las serpientes. Me gustaban esos seres fríos y sabios, pero aún así, aquel detalle de las ofidios deslizándose en círculos y los pasadizos engañosos... Me acordé del símbolo Uroboros, pleno en su eternidad. ¿No resultaba una ironía que nos presentaran aquel pequeño detalle cuando tal vez caminarámos hacía una muerte segura? Sólo en la muerte la vida... No sé, sinceramente, si los otros estaban asustados. ¿Lo estaría yo de no pertenecer al clan que pertenecía? No había modo de saberlo. Con un encogimiento de hombros, escuché las últimas palabras definitorias de la mujer y ahora sí, sin temor a ser vista, sonreí taimadamente. -Como bien decía hace unos instantes, el Códice robado al Clan de los Guardianes de las Crónicas, es único e invaluable, puede condenarnos o salvarnos; ustedes han accedido a ser parte de esta búsqueda, una vez desciendan por esa escalera, no habrá marcha atras- Como nunca he sido persona que elija una profunda seguridad (había sus excepciones, pero estaba aburrida, !Por el amor de Deiros!) fui la primera en posar sus ágiles pies sobre la escalinata. Comencé a descender y, antes de desaparecer en la oscuridad, les dediqué una mirada burlona a los otros. - Andando hacía la muerte, y sin un solo visto de esperanza- canturreé desenfadadamente. Lentamente, me iba despojando del atuendo de cuerda mortalidad e iba adquiriendo el de una persona desenfrenada con pocos límites, que, finalmente, era. |
|  | | Morgana Le Arnauld Sweet Dream

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Dom Feb 07, 2010 1:27 am | |
| Realmente esa reunión no tenia ninguna cortesía, ningún saludo... ni una sola mención a mi llegada, solo un: -Parece que tenemos una rezagada en nuestras filas... - fue la respuesta de una simple cría malhumorada, de porte desastroso... ni siquiera me digne a mirarla mas que un par de segundos para ver que no merecía atención, ignorando su presencia, para que contestar a alguien que no tenia la suficiente inteligencia como para ver que aun no me había unido a ningún grupo, solo quería saber de aquella llamada, seguí inspeccionando la gran sala, algo que me merecía mas atención que aquella hija de la noche, había mucho tiempo dedicado en aquel estilo arquitectónico, quien lo hubiera hecho tenia buen gusto, aunque el paso de los años ya no perdonaba aquella piedra fría y negruzca, algunas piedras estaban ya resquebrajada y se veía muchos años y experiencia vivida en aquella piedra, una pequeña chiquilla de no mas de 25, grandes ojos verdes y largo pelo negro me llamó la atención, era de piel delicada y era bella, a diferencia de la gran mayoría que allí hacían presencia. La orgullosa chiquilla se levantó y hablo sacándome de mis pensamientos, dio orden de seguirla, toda la sala adornada con serpientes me parecía infantil, como todo lo que tenia que ver con aquel clan... donde mi vista llegaba en cualquier dirección había una serpiente, u objeto con forma serpentina, adoraban a ese animal... pero tanto como para que todo fuera así... parecía que todo giraba alrededor de ellos, parecían amar mas a esos reptiles que a si mismos, como fuese la chiquilla con unos movimientos hizo que todo el trono retumbase, poco después el trono descendía y dejaba ver un pasadizo, lleno de polvo, sonreí divertida... ¿tanto adoraban a los reptiles que habían descuidado la limpieza?, deberían de haber limpiado aquello por ultima vez hace siglos... una gran escalera descendía, ahora nos deleitaba con una ofrenda... ¿a que venia tanto jueguecito? Si estábamos allí era por algo, no para vernos las caras, sino por algo serio un objeto preciado para ellos, del cual dependía su existencia había desaparecido, estaba claro que ayudaría a mis hermanos de sangre... así como aquella chiquilla, que aun con un aspecto tan desaliñado me infundía respeto, la unión hacia la fuerza, salvaría a esa chiquilla si de mi dependiese, eramos hermanas de algún modo, hijas de la noche, todos teníamos la misma “maldición”, con sus grandes ventajas y minúsculas desventajas... ¿para que necesitábamos el día si podíamos gozar de la inmortal noche?... Una mujer se adelanto, parecía pensar lo mismo que yo... no parecía adoradora de las serpientes, así que no tarde en seguirla cuando se detuvo para procesar unas palabras, las cuales me hicieron gracia, ¿buscaba la muerte?, pues no la esperaríamos, iríamos a buscarla... así que con paso cauteloso la seguí descendiendo la escalinata polvorosa, no me detuve a mirar nada, solo había polvo y suciedad, así que solo miraba la vestimenta de la primera vástago que se adentro en aquella tarea, misión o lo que fuese recuperar aquel artefacto (que por cierto aun no se de que se trata), aquella caminante nocturna de sutil andar me inspiraba una extraña confianza... aunque no se hasta que punto podía confiar en ella, ni siquiera si podía hacerlo, a mi parecer todos eramos absolutos desconocidos, todos desconfiábamos de todos, así pensaba yo pues no había visto ningún gesto de complicidad ni confianza, pero aquella mujer me parecía segura. _________________ +†+ Morgana le Arnauld +†+ |
|  | | Evangeline La Tempestad

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Mar Feb 09, 2010 12:29 am | |
| Evangeline mantuvo su postura, no se movió apenas, solo giró un poco su cabeza para ver quien llegaba aestas horas, y lo más importante, qe qyería?.Lugo volvió a mirar a quien tenía el mando de todo aquello u eso les hacia creer y la escuhó,"Entonces, no queda mas que partir, tenemos toda la noche por delante, Phobos y Dèoir serán nuestras guardianas. El tiempo apremia".Y sin decir más nada Evangeline se dispuso a girarse y a caminar hacia la salida,pues como decia la joven chquilla, no habia tiempo que perder,habia que encontrarlo cuanto antes, para evitar cualquier mal manipulación de aquél tesoro. En ese momento se percató segndos despuesque el resto de vampiros, la presencia en la catedral, e alguien más, por el olor que prevenía de ella y por su color pálido pudo asegurarse de que era una más de ellos. pero,¿habia eschado también aquella voz?, aunque esa cuestión que se hizo a si misma le hizo reir, pues como si no se ibaa enterar.Esta soltó un suspiro, pues a veces se odiaba por preguntarse coas obvias, que se respondian por si solas. "Parece que tenemos una rezagada en nuestras filas",Evangeline ni tan siquiera se movió slo la miró de reojo, esperano mientras tanto que comenzase la acción, o agauntaba mas entre aquellas paredes.Pero cuando creia que se iban a marchar la vampiresa, habló en el mismo tono del mismo"Siganme". Tras eso Evangelie giró sobre sí y con pasas elegantes y sileciosos , avanzó para ir tras ella.Por el caino se fijo el decorado de aquél lugar, eran pequeñas serpientes que enlazbn una sobre otra de manera que simulaban que recoían el lugar, toda una ilusión óptica. Evangeline se quedó siguiendo auellas serpientes hasta que un golpe seco desvió su atención,puediendo ver que ante todos ellos aqué trono girba sobre si mismo de manera que en su deslizamiento al subsuelo dejaba ver unas escaleras, que conducía a un pasadizo, esta miró su prodindidaz,pero todo estaba oscuro. "Como bien decía hace unos instantes, el Códice robado al Clan de los Guardianes de las Crónicas, es único e invaluable, puede condenarnos o salvarnos; ustedes han accedido a ser parte de esta búsqueda, una vez desciendan por esa escalera, no habrá marcha atras" Evangeline sin pensanserlo dos veces bajó por aquellas escaleras, de tan gruesos escalones.Al estar por el tercer escalón, miró a los presentes y finalmente decidida bajó hasta que dejarón de escuchar sus pasos. Está dió un par de pasos y se activó un mecanísmo q permitó que las antorchas se encendieran y mostrarn el camno aia el interior del pasadizo.Solo esperaba que bajnse todo, pero sobre todo la joven chiquilla, pues sin ella no sabia a que lugar exacto debia dirigirse. _________________  | Spoiler: | | |  |
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|  | | Lillith

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Miér Feb 10, 2010 11:22 pm | |
| El tonillo de esa mujer, la ultima vampiresa, irritaba de sobremanera a la pequeña Hija de la Oscuridad, bien dicen que cuando dos divas se encuentran, comienza una danza por la supremacía.. Y Lillith no pensaba cederla bajo ninguna circunstancia; si la estirada mujer le daba problemas, no tendria mas que atarla a una roca, en espera de que el sol saliera.. La primera en descender fue la Malkavian, Victoria, aquella desfachatez con la que retaba a la muerte, le causaba cierta diversión a la Dama de las Serpientes, pues pocas veces habia visto tanto desdén por las supersticiones y creencias, era como verse en un espejo distorsionado; la segunda en descender fue la mas callada y apacible de todos, Evangeline, aquella pasividad hacia dudar a la chiquilla a cerca de si seria capaz o no de llevar a cabo aquello.. Sin esperar a los otros dos, la chiquilla bajó la escalinata y pasó de largo hasta colocarse adelante del grupo, justo donde el pasaje se estrechaba lo suficiente para crear la sensacion de encierro.. El descenso hacia las profundidades del averno estaba teñido del anaranjado color de una antorcha siempreviva, copiandose a si misma una y otra vez en lo que durase aquella infinidad. Demasiado estrecho como para que pasara más de una persona al mismo tiempo, aquello no solo contribuia a dar una sensacion de claustrofóbia y paranoia, si no que al dar un paso en falso, podrian perderse y jamás volver a encontrar la salida. A lo largo, varios pasillos se desviaban hacia los costados, otros en diagonal, pero todos manteian la misma estructura, aquella asfixiante sensación de estar siendo comprimido, casi sintiendo que no podrias ni girar sobre tus propios talones porque quedarias atrapado por la eternidad. Con tantas curvas y giros engañosos, a penas uno si podia ver a menos de un metro enfrente suyo, antes de encontrar la próxima pared. Ciertamente, seria el peor lugar para perderse. -Siganme.. Y hagan lo que hagan, no se aparten del camino.. A menos que deseen perderse-La chiquilla tomó una de las antorchas que descansaba en una argolla, y elevandola por encima de su cabeza, guio al grupo por los torcidos corredores que parecian no tener fin, una maraña laberíntica de donde surgian, por diferentes lugares, gemidos y voces espectrales Victoria
Lillith
Morgana
Evangeline
VladLas voces chillantes, llamando una y otra vez a los caminantes, el siseo bajo de Hécate que andaba pegada a los talones de su dueña, como si intentase protegerla de lo que pudiera suceder.. Mas la curiosidad de Vlad llego a niveles insospechados cuando una de esas voces lo llamo desde un pasillo, con esa cadencia propia de femina seductora e irreverente.. Vlad, ven.. te estoy esperando..El vampiro se detuvo y torcio por un pasillo que no era, siendo tragado inmediatamente por la oscuridad densa y palpable, ahogando un grito que no seria escuchado por nadie mas que las tres cuatro mujeres que ahora caminaban mas adelante -Hécate, ve por el Guardian del templo, el lo sacará de aqui.. Al parecer, Vlad no es capaz de resistir ni siquiera una falsa tentacion-Susurro, llegando al final del pasillo donde una cegadora luz daba paso al cielo nocturno, abierto y hermoso, y a cuatro carruajes completamente cerrados que las esperaban, con un cochero y seis magnificos corceles blancos de ojos rojos cada uno -Señoritas, nos espera un largo viaje hacia el desierto de Praghat.. Si fuera ustedes, aprovecharia descansar, beber algo y prepararse-En el interior de cada carruaje, habia dos jovenes, un chico y una chica, ambos virgenes, ambos con identica mirada de terror.. Esa noche, Phobos y Deoir escucharian una sinfonia de gritos.. ****** Offrol: Señoritas, Vlad queda fuera de la partida. _________________  |
|  | | Victoria de Valo Sweet Pandemonium

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Jue Feb 11, 2010 6:57 pm | |
| Cuando bajé las escaleras, estuve a punto de interrumpir mi tonada enloquecedora. La cueva era cálida, quizá demasiado y tenía un color muy poco agradable. Para ser más precisos, sentía como las paredes me recordaban que podían incendiarse en cualquier segundo y atraparme en sus llamas. Empecé a sentirme incómoda, no tanto por la claustrofobia, cosa que no podía afectarme en demasía y tampoco por la paranoia, que formaba parte de mis días, pero la razón que me hacía andar de puntillas agudizó mi demencia para compensar, así que mis ojos destellaban enloquecidamente azules en la oscuridad. Pues odiaba el fuego con toda mi alma. Y esa era la única razón por la que no me mantenía cuerda. En aquel momento, aunque la demencia es peligrosa, también lo era permanecer en mis cabales. Además de que no sabía qué camino seguir a través de las sombras de ese sendero laberíntico. Dudaba que incluso usando Auspex pudiera encontrar la ruta adecuada... Oí pasos detrás de mí y supuse eran los otros, bajando lentamente detrás de la loca que se había adelantado. Eran pasos suaves los primeros. Cuando me volví para ver con curiosidad quién se había atrevido a descender después, me sorprendió descubrir a la calmada vampiresa cuyo nombre no conocía, pero cuyos ojos eran parecidos al ofidio de la guía del grupo. Y por cierto, ¿Dónde estaba? Mientras me lo preguntaba, tanteé a mi alrededor con cautela, para saber cuán caliente estaba el ambiente. Apenas estaba alargando mis dedos, cuando la que debía estar al frente bajó finalmente. Me reí entredientes con cierta incoherencia, por una cosa que sólo yo entendía y le dejé pasar para que caminara delante. Las damas primero pensé y la seguí, sin importarme si los otros descendían o no, aunque lo hicieron, porque sentí sus presencias a mis espaldas. Caminamos y caminamos. Tal como pensé, aquello era un laberinto dedicado a que los incautos desapareciesen y la tentación nos lamiese las piernas. Me relajé lentamente, aunque recordé la advertencia de Lilith, susurrada con desprecio para decirnos algo evidente: -Siganme.. Y hagan lo que hagan, no se aparten del camino.. A menos que deseen perderse- El lugar era oscuro, pero no tanto como para nosotros. Veía perfectamente los recodos en el camino, pero no los conté, porque no regresaría por ese camino y eso lo sabía de sobra. Le pisaba los talones a Lilith, y entretanto, aburrida, le observaba la espalda para grabarme su aspecto, aunque esto era por ocio, no por alguna causa específica. Estaba tan concentrada en ello, que tardé un momento en darme cuenta que había voces a mi alrededor. Susurraban nombres. El mío lo conocía, por supuesto, pero, ¿Sería posible que los otros fueran los de mis acompañantes? Supuse que así sería, porque eran tantos nombres como personas avanzando por el laberinto. Me pregunté si no me estaría volviendo esquizofrénica, pero al percibir un pequeño cambio en los pasos rítmicos detrás de mí, comprendí que sin duda ellos también podían oír lo que yo. Claro que sería otra trampa del sendero. Analicé los nombres pronunciados, intentando ponerles rostro. A ver... Aquel único nombre de varón, el tal Vlad... pues sería el vampiro de ojos verdes. ¿Cuál sería el de la guía? Tenía que ser uno de gran renombre. ¿Lilith o Morgana? Por la forma en que nos había mirado tan maléficamente y por mi propia intuición, supe que era Lilith. Sonaba más apropiado para ella, mientras que el nombre de Morgana, uno lleno de una antigua nobleza rimbombante, sería sin duda el que caracterizaría a la última cainita que nos había interrumpido al último. Entonces... ¿La que caminaba detrás de mí, con su engañoso aspecto sereno, era Evangeline? Tenía mis dudas acerca de todo, pero esperaba no haberme equivocado. En todo caso, no las llamaría con esos términos hasta que ellos se presentaran formalmente. Ahora que me daba cuenta, todos nosotros éramos muy fríos y muy poco educados. Ninguno se había presentado formalmente, todos habíamos ido al grano. Resultaba tan divertido que me pregunté cuántas veces habrían reuniones tan singulares como aquella. En fin, el nombre daba igual. Uno puede tener muchos nombres y seudónimos a lo largo de la no-vida y no todos tienen por qué ser verdaderos. Seguro que cualquier día de estos podría cambiar mi nombre y decir que me llamaba Katherine o algo parecido. Aunque, personalmente, seguía prefiriendo mi nombre. Dejé de cavilar acerca de estas tonterías cuando me percaté que los tres pares de pasos que me seguían de cerca se habían vuelto menos ruidosos que antes. Eso era extraño. Una de dos, alguien se había vuelto más sigiloso de repente o definitivamente habíamos perdido a alguien. No me volteé para divisar quién era, sencillamente apuré el paso, tanto, que por poco piso a Hécate. - Lo siento- me disculpé con una sonrisa persuasiva y sólo oí el siseo de la serpiente antes de soltar la carcajada. ¿Una serpiente ofendida? Me resultaba tan curioso en aquellas circunstancias, que olvidé casi hasta dónde íbamos. Desgraciadamente, cuando me pierdo en los marismas de mi propia mente demente, tengo el mal hábito de perderme, incluso aunque sólo sea por unos instantes. Lo recordé un segundo más tarde, cuando Lilith murmuro una orden a su mascota:
-Hécate, ve por el Guardian del templo, el lo sacará de aqui.. Al parecer, Vlad no es capaz de resistir ni siquiera una falsa tentacion-
Sin duda se referían al que se había perdido en algún pasillo equivocado. En efecto, no había sido ninguna mujer la que se había extraviado, sino el único varón del grupo. Sería mejor que no siguiese sus irreflexivos pasos. La caminata ya estaba haciéndose monótona, pero no tardó en acabarse. Cuando finalmente salimos al exterior, en una preciosa noche libre, respiré profundamente. Era maravilloso poder ver el cielo nuevamente, y, sobre todo, sentir la brisa revolver nuestro cabello y extenderse deliciosamente por el cuerpo, en una sensación que no llegaba a ser frío, pero resultaba fresca. Ah, y había carruajes también. Eso me resultaba un poco sorprendente, pues, por alguna razón que ni yo alcanzaba a dilucidar, tenía la impresión de que el largo viaje sería a pie, ya que no andabámos escasos de resistencia. Pero debí suponer que la orgullosa vampiresa que nos guiaba jamás se rebajaría a tal cosa, así que me encogí de hombros con indiferencia y atendí a su última oración:
-Señoritas, nos espera un largo viaje hacia el desierto de Praghat.. Si fuera ustedes, aprovecharia descansar, beber algo y prepararse-
Una sonrisa irónica sustituyó la expresión seria que había quedado por la caminata. ¿Beber algo? ¿Acaso aquellos carruajes, con sus hermosos corceles blanquecinos, traían algo más como presente para nuestras sedientas gargantas? En efecto, cuando un cochero tuvo la amabilidad de acompañarme hasta el mío y abrió la puerta, descubrí a mi preciosa cena mirándome aterrorizada. !Que detalle de parte de Lilith! Jóvenes apenas con la edad para florecer, uno de cada sexo y muy hermosos. Seguramente, incluso la exigente Toreador debería estar satisfecha por aquel regalo. El único pero que yo le ponía a aquello, era el hecho de no haber cazado. Me encantaba la perspectiva de perseguir a una presa, tomarme mi tiempo, hacerlo dulcemente. A pesar de mi origen, no era partidaria de una innecesaria crueldad, al menos no para matar. Mi única tortura, la que solía reservar para los varones, era excitarlos y luego hacerlos víctima de su propia lujuria, llevarlos hasta los mismos límites de toda cordura y toda reserva en el ámbito sexual. En aquellas condiciones, como se comprenderá, ninguna de las cosas que me gustaba hacer estaba a mi disposición. Pero no me quejé. "A caballo regalado, no se le mira el diente" o algo así decía algún refrán humano. En otras palabras, no puedes hacer ascos a una buena cena, sea de la naturaleza que sea. Así pues, me introduje en el coche y miré un momento a mis presas con una delicada sonrisa. - Vaya, vaya... ¿Qué tenemos por aquí? Las cosas mejoraban por momentos. El aroma del miedo mezclado con el sudor y el atractivo de ambos favorecía ampliamente mi apetito. Estaba claro que no iba a perdonarle la vida a ninguno de los dos. Ninguno se atrevió a responderme. Seguramente, se preguntaban qué clase de muerte iba a darles. Y si dolería. Sí, eso era lo que usualmente solían preguntarme aquellos resignados a los que no les quedaba otra más que dejar que les drenara la vida. No les dije que habían caído en buenas manos, aunque así era. La muerte iba a ser lenta, pero muy dulce. - Tranquilos- les recomendé sencillamente- No hay prisa. Relajense... creánme, será mucho mejor si ponen la mejor disposición en esto. Quién sabe, incluso podría perdonarles la vida si se portan bien... Sonreí de medio lado, estaba jugando con ellos. No quería utilizar mis habilidades, me gustaba mucho más el juego en fresco. No sabía si, de haber conocido a mi sire, éste me hubiera dicho que no jugara con el ganado y fuera más digna, pero dudaba que me aconsejase semejante cosa. Somos vampiros, después de todo. Hay pocas cosas que nos proporcionen este placer. Sus expresiones humanas eran memorables. Había una ridícula y casi incrédula esperanza en los ojos de ambos. - ¿De veras?- preguntó trémula la muchacha. Asentí con tanta dulzura que casi se lo creyó. Pobre tonta. - Pero primero, deben hacer lo que yo les digo- dije con mucha seriedad y en tono de complicidad. Ellos parecieron sentir aún más miedo, pero aún así estaban dispuestos a escucharme. Me acerqué al muchacho. Éste pareció luchar por su atávico instinto conservador, que lo instaba a apartarse. Le aparté el sudoroso cabello de la frente y le sonreí de nuevo, más tranquilizadora. - Dime una cosa- repuse- ¿Te gusta ella?- deslicé una mano coqueta por el escote de la chica y ésta se estremeció. Sí, hay cosas que resultan divertidas en esta profunda oscuridad. Él asintió, como hipnotizado. Mi mirada fue de lo más comprensiva. - Ya lo creo- dije- Te comprendo perfectamente, es una delicia. Pues adelante... yo que tú le daría amor, ¿Acaso no es lo que mejor se les da a ustedes los jovenes humanos? Dos pares de ojos me miraron con cierta incertidumbre. Me limité a devolverles la mirada. - Pero... - titubeó el joven- ... Es que somos vírgenes- explicó, sonrojándose con cierta vergüenza y me eché a reír. - Eso ya lo sé- respondí- Pero siempre hay una primera vez. Sin más, deposité un candoroso beso en los pálidos labios y eso pareció despertar al hombre dormido por encima del púber muchacho. Lo guié a los labios de la chica y los dejé acariciarse torpemente un momento. Parecía que mi orden les había dado iniciativa y comprendí que, con el suficiente tiempo, podría volverlos a ambos en ávidos amantes. Algo exquisito, por una parte, pero que no podía ser. Una cosa es disfrutar la cena y otra alargarla. Yo no solía confundir esas cosas. Los dejé besarse con pasión y luego me arrodillé frente al doncel. Ya me había asegurado de que el cochero cerrara bien la puerta del carruaje, así nadie podría salir mientras yo estaba distraída. La pierna del joven estaba un poco echada hacía atrás, en su intento de sostener a la arrebatada virgen entre sus blancos y fuertes brazos. Fui subiendo una mano traviesa por esa pierna, hasta hacerlo estremecerse. Era tan encantador matar de esta manera.... Pues el beso largo les impedía abrir los ojos. Así él no notó más que el pequeño dolor que le dejaron mis colmillos a lo largo del muslo. Entretanto, iba animándolos con arrulladora voz. La adrenalina, combinada con la lujuria, no tardó en dominarlos y los guié en la espiral de placer mientras iba dando mordidas por aquí y por allá. Ellos se sentían cada vez más débiles, pero una de las propiedades que tienen mis mordidas es la de ser letalmente suaves. Asi que la mayoría no se dan cuenta hasta ser demasiado tarde. Para cuando tomé a la doncella en mis brazos para besarle el cuello en un apasionado beso que sería su muerte, el virginal doncel ya estaba intentando encargarse de intentar proporcionarme un placer efímero a mí, nada comparado con lo que yo sentiría al matarlo. Al fin dejé caer el cuerpo sin vida de la joven al suelo del carruaje y me volví para alzar al osado chico y darle un apasionado beso. Él me correspondió pero pronto se apartó, al percibir aquel sabor amargo y dulce que lo llenó de terror y lo hizo apartarse, esta vez luchando por sobrevivir. No tenía la menor oportunidad. - Deja de resistirte, de todas formas vas a morir- le recomendé, práctica- ¿De veras creíste que los dejaría vivir? Si son mi cena... Reí mientras seguía gritando y lo acallé con otro beso, deslizando mis manos por el delicado pecho y encerrándolo lentamente en un abrazo mortal. Lo vacié como un pellejo de vino bebido por un alcohólico. Al fin, la resistencia imberbe que me había proporcionado se convirtió en una fláccida debilidad y caímos juntos. Él muerto, yo, más saciada y pletórica que nunca. - Gracias queridos- dije limpiándome cuidadosamente los labios y sentándome lentamente. Luego, toqué la ventanilla del carruaje y la puerta se abrió limpiamente. - Llevátelos- ordené al cochero y salí al exterior, disfrutando de la noche que aún quedaba. Que velada tan deliciosa... Me peiné el cabello con los dedos, acomodándome el vestido otra vez. Había dejado el bulto con mis cosas y armas fuera del carruaje por precaución así que volví por él y observé mi reflejo en la hoja de una de mis sais. - Cuan bien hace la sangre fresca- suspiré al viento y me reí, feliz. |
|  | | Morgana Le Arnauld Sweet Dream

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Vie Feb 12, 2010 10:40 am | |
| Cada minuto, cada instante que pasaba con esa compañía mas me agobiaba ¿por que eran tan irrespetuosas? Nos dirigíamos a una misión con mínima posibilidad de éxito, quizás solo alguno sobreviva, aunque realmente no se ni a quien buscábamos, ni donde... pero al menos podían hacer esto mas placentero... alguna conversación, mi semblante cambio conforme avanzábamos, habían cambiado las posiciones, ahora aquella chiquilla guiaba, yo iba detrás, pero aseguraría que no, sentía aveces un soplo frió en mi cuello, pero no había tiempo a darse la vuelta y ver si era cierto, aquel pasillo cada vez era mas estrecho... sonreí pensando que quizás aquella mujer que se atrevió a bajar primero no llegaría lejos si seguía así nuestro camino, le sobraban algunos kilos... algo me rozo el hombro golpeándome, era el único acompañante masculino... ¿a donde iba? ¿por que se alejaba? Intente agarrarlo con la mano, tarde, había desaparecido.. ¿que eran esas voces? Sentía una sensación de pesadez... me agobiaba esa situación, seguía caminando, justo detrás de la mujer de mirada inocente, pero el vástago... ya no estaba con nosotros, se había dirigido a aquellas voces, podía distinguir mi nombre, junto al que debía de ser el de ellos, Lillith... bonito nombre si, aunque no podía saber a quien pertenecía,Vlad debía de ser aquel que nos había abandonado, el eco de las palabras de Lillith no dejaba duda, había sido demasiado débil, los hombres a menudo lo eran, una simple voz melancólica, un tono de mujer seductora y... ya había caído el primero... en fin, hombres... aun así esa sensación de asfixia no me abandonaba, me sentía mal, ademas todo era oscuro, sucio, ademas la compañía no hacia nada por ayudar... pues nada -pensé- que les zurzan, allá ellas con sus egos... ¿jugaban a ver quien era mas héroe quizás? Parecían leonas hambrientas de mando, de llevar la voz cantante, por mi parte podían quedarse todos los méritos, solo quería acabar pronto, ¿sera eterno el pasillo? Parecía no acabar nunca el paseo, siempre era lo mismo, no cambiaba en nada las paredes, parecíamos andar en círculos, ademas empezaba a tener hambre... me preguntaba como seria de divertido que mi bestia saliera y despedazara a todas estas egocéntricas... una a una arrancar su pieles y con ella su sonrisa de superioridad, también agudice mis oídos, pisadas seguras, decididas, aunque alguna de ellas pisaba con dulzura... ¿seguían delante? Eso parecía, al menos tres figuras se contoneaban delante. ¿Por que nadie decía que nombre le pertenecía? Desde luego no empezaría yo, suponía que era deber de la guía, ella debería de quitar tensión, la cosa podía acabar mal entre nosotras, no había confianza, pero bueno, quizás todo fuera tan fácil que ni realmente eramos necesarias. Al fin se vislumbraba el fin del camino... una noche estrellada se abría ante nosotras, la primera brisa sobre mi pálido rostro fue como la vitae de una virgen joven, que apenas empezaba la adolescencia, algo que me hacia recordar que necesitaba alimentarme. Algo me llamó la atención ¿que eran eso? Por fin algo de cordura y cortesía... ante nosotras se erguían imponentes corceles, blancos como el marfil, su pelaje era estupendo, y aquellos carruajes... tenían una madera estupenda, unos labrados magníficos y colores detallados, las palabras de la chiquilla resonaron en mis oídos, aunque me pareció lejana, quizás por que empezaba a perder la batalla con la bestia, necesitaba el carmesí néctar del regalo que según nuestra anfitriona nos esperaba dentro, así que, despidiéndome de nuestra anfitriona con una elegante reverencia y una sonrisa, caminé hasta donde fui guiada por el imponente cochero, el cual abrió la puerta del carruaje, dejándome ver la mercancía, una pelirroja chica con pecas, y un fuerte de cabello rubio, un buen varón, ambos temblaban, mas aun con mi presencia, el cochero cerró la puerta. Los jóvenes estaba maniatados, ademas sus bocas también estaban tapadas, los mire fijamente intercambiando miradas, sentándome cerca... la chica pataleaba lloriqueando. -Me llamo Morgana -dije tocando suavemente la cacha de la mujer, lo cual fue toda una experiencia, aquel temblor... ese miedo- Al menos sabréis mi nombre... quiero saber el vuestro- dije quitando la mordaza de sus bocas. La joven virgen solo sabia gritar... odiaba a la gente chillona, era estúpida, no merecía vivir, mis colmillos hicieron aparición, tomándola con fuerza empujando con mi diestra la cabeza contra la pared clavé mis colmillos en su fino, delicado y perfumado cuello, la necesitaba, esa sensación de notar mis caninos perforar su cuello, las primeras gotas de sangre en mi boca, luego como una corriente de sangre caliente recorría mi garganta y se hacia espacio hacía mi interior, el joven lloraba, mientras la chica temblaba, sus puños cerrados con fuerza, incluso se clavó las uñas lastimándose... finalmente de su boca salió un último suspiro, quedando inerte. -¿Has visto lo bello que ha sido ese suspiro?- dije volviéndome hacía aquel joven, para mi sorpresa no miraba... eso me enfureció, -¿Es que no aprecias el arte? -mis manos desgarraron su ropa, mis largas uñas arañaron su fuerte pecho, le arañaba con fuerza, ¿como podía ser así? No tendía a ser violenta, al contrario, pero esa descortesía por su parte, ¿como podía apartar la mirada de esa forma?, mordí su musculoso cuello, quería desangrarlo, alimentarme de ese estúpido, finalmente su cuerpo inerte se derrumbó en mis brazos, o eso hubiera hecho de no ser por que me aparte, arreglándome el vestido, peinándome nuevamente y asegurándome de que volvía a lucir esplendida, di dos pequeños toques en la puerta, el cochero se encargo de todo, limpiándolo todo, lo cual le agradecí. Me quedé observando aquel magnifico cielo estrellado , lucia imponente, alzado sobre nosotros, inalcanzable, algún día quería ser como él. _________________ +†+ Morgana le Arnauld +†+ |
|  | | Evangeline La Tempestad

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Mar Feb 16, 2010 11:51 pm | |
| Evangeline sin tan siquiera dudar descendió por las escaleras,sintiendo tras de ella los pasos de los demás, pues al parecer al igual que ella no iban a retroceder y huir, pues era absurdo hacer todo un camino para luego marcharse sin más.Por último escuhó unos últimos pasos de manera que la compuerta se cerraba tras de ella, por lo que la vampiresa dedució que la chiquilla fué la última en bajar. Agena de asegurarse de que ella era exactamente quien bajó, observó a su alrededor, pues al contrario que otros vampiros, le era curioso observar como el fuego se mantenía encendida.Incluso tuvo la tentación de pasar su mano derecha por encima de aquella llama. Finalmente aquellos paso que oyó en último lugar se pararón cerca de domde ella estaba,exactamente tras ella.Por lo que la vampiresa se giró y se quedó observandola detenidamente.Manteniendo ese rostro angelical característico de la vampiresa. y mostró una mueca, iniciando su caminar para llegar al lugar fuera cúall fuera. "Siganme.. Y hagan lo que hagan, no se aparten del camino.. A menos que deseen perderse". Tras escuhar eso Evangeline se quejó por lo bajo, pero de igual modo la siguió, pues quien sabria el camino mejor que ella.Asi como si fuese parte de un ganadado fué tras ellas. Aquél lugar solo eran numerosas curvas, caminos sin fin y con numerosas variantes, un maréo absouto, pero Evangeline continuó el camino tras ella y los dremás que iban por detrásde esta. - Es patético como dejas que te mangonenen, como puedes seguirla.Me averguenzo-Dijo aquelñla parte de la vampiresa que les mantenia oculta, aquellla con asias de sangre de batalla. Evangeline por lo bajo, aunque audible para los presentes- callaos!!-Respondió molesta.Tras eso tosió de manera provocada para intentar disimular aquella queja, aunque era inútil. Esta continuó aquél camino, el cual no parecia tener fin alguno.Y como de la nada surgian unas voces una y por diversas direcciónes,unos gemidos y voces espectrales, realmente extraños. Victoria Lillith Morgana Evangeline Vlad Decian aquellas voces y la verdad que eran atrallentes, incluso parte de Evangeline quería marcharse, pero supo controlar aquél impulso, que le condicía aquella voz la cual la engatusaba, pero se negó, agitó su cabeza y volvió en si, no podía permitirse dejarse influir, por aquellas voces desconocidas.Y cuando pensaba que todos seíamos capaz de controlar aquél impulso, hubo uno que no supo resistirse a los encantos que incitaban esas voces.Por aquellas voces supo el nombre que les acompañaban a tal travesía.El que tenía claro era el nombre del único varon entre las damas, pero por otro lado no sabria a quienes pertenecian los nombres de ,Lillith,Morgana y Vctoria.Ella se quedó observandolas detenidamenete intentando deducir sus nombres pero era inútil. Y nuevamente aquellas intentarón hacerse sonar, en las que incitaban a Evangeline. - Vamos, aqui hay alguien que te espera-Por otro lado escuhaba - mátalos- y laúltima que escuhó antes de que interrumpieran una de las vampiresas,- Vaamos, vamos... ven aqui, todo será nuestro si permanecémos juntos. . Continuarón el acamino hasta que llegaron a un lugar en el que yacia una luz, que daba fin a a quél laverinto en elq ue se encontraba.Viendo porfin un cielo estrellado, con una luna hermasa.Donde le esperaba una carroza, que sería tirado por bellos corceles blancos. "Señoritas, nos espera un largo viaje hacia el desierto de Praghat.. Si fuera ustedes, aprovecharia descansar, beber algo y prepararse" Evangeline entrecerró lo ojos, para observarles, pero que sería de Petréos, no podía dejarlo allí, pues era su acompañante a en cada una de las azañas que se proponía.Por lo que antes de acercarse hasta ellos,,se llevó su dedo índice y pulgar, y se los introdució en la boca, de manera que produjo un silbido agudo, algo molesto, pero de ese modo Petreos sabía que era llamado por la vampiresa y que no tardaría demasiado en llegar hasta donde esta se encontraba. Mientras le esperaba se dirigió hacia donde estaban las carrozas, volviendo a entrecerrar sus ojos, observando la belleza de aquellos corceles, asi que para hacer tiempo hasta la llegada de su corcél personal quisó aercarse a acariciarles.Pero en el momento que iba alzar su mano para elló hubo un embriagador olor que atralló su atención, por lo que se convirtió como objetivo. El olor tan embriagador procedía de su interior, acompañados de susurros.Esta sonrió de manera de sádica,abrió con brusquedad la puerta de aquél carruaje, descubriendo a dos individuos.Ambos seguian implorando por sus vidas, pero al percatarse de la mirada penetrante de la vampiresa esos susurros, se silenciaron.Puediendo ver en sus rstro una cara de pánico, estaban petrificados.Esta observó detenedimanete el rraro gesto de su rostro, pues estaban tan asustados, que ni un mísero grito salían de sus gargantas, está rió por lo bajo.Mientras les miraba de arriba abajo,viendo como estaban atados de pies y de manos, de manera que no podían escapar, y si lo hacian acabarían muertos. Evangeline se relamio los labios, volviendo a mostrar su sonrísa- Delicioso manjar el de esta noche, joven-dijo en tono sombrio a la vez que alargaba su mano, tirando de las ataduras de las muñecas de joven de ojos negros y cabellos morenos.Provacndo que este callera de manera brusca, rpovocando asi que sus ropas sufrieran unos cuantos rasguños, esta se se colocó por encima. El que ahora sería su cena comenzaba sollozar, lo que probocaba cierta risa, que supo contener.- Por favor señora, os imploro que no me dañeis-Dijo en tono de tristeza, dejando deslizar unas lágrimas por su mejilla, observando cada movimiento de la vampiresa. Evangeline se disponía a sacar su espada, pero en el momento que vió las lagrimas, una de sus manos, la acercó al rostro de él, bajo la atenta mirada de este.Por lo que evangeline le echó una mirada fugaz y procedió a quitarle una de las lágrimas antes de que se perdiese bajo su garaganta.Esta se llevó es mismo dedo a su labios, lamiendolo. - Patético-decia mientras entrecerraba los ojos.Para asi dejar ver por fin esos ojos rubí que le caracterizaba, cuando se disponia a pasar a la acción.Esta rápidamente se limpió la agua salada en su ropaje y sacó definitivamente su espada, colocandola bajo su cuello. El chiquillo al descubrir aquellos ojos, no pudo resisitir expulsar los numerosos gritos de pánico que contenia en quella fina garaganta-Vamos, sigue gritando-Dijoen tono tenebroso, oscuro, de manera que lograba provocar aún mas miedo, lo que era igual a más gritos. jajajajaja, es patétco-decia en su interior la vampiresa.Esta de inmediato y para que dejara de gritar le agarró de sus cabellos.Mientras este seguía gritando- Por mi, jugaría un ratito más con vos pero después de todo no tengo tiempo para ello...-hizo una pausa- de igual modo, noduraríais de esta noche-dijo mientras el seguía gritando. Tras eso quiso degollarlo, pero como metodo le era mucho más divertido ver como poco a poco moría en su brazos.Por lo que le levantó un poco más del suelo, guardó su espada,y finalmente le mordió de manera que la vampiresa sentía el auténtico placer demanera que notaba como la sangre de este corría por su interior de su cuerpo.Lo desangró de manera rápida.Una vez terminó se limpió la sangre con el dorso de su mano.Se incorporó y se dirigió al carruaje, viendo como el acompañante del que habia sufrido fatal desenlace,, observaba ala vampiresa por lo que imaginó que habia visto todo desde su inició a su rápido desenlace. Porfin, y aún con el estado de frenesí pudo escuhar los cascos de petreos como se hacercabandonde esta se encontraba, cada vez más cerca,Al girarse pudo verle como venía por la zona derecha.Viendo como colgaban de sus riendas aquél trozo de madera a l que le habiía atado al entrar en la catedral. Esta mientras petreos hacia porfin su entrada, llegando así hasta ella.Dececidió acabar pronto sin rodeos ni nada, a esta niseiquiera lasacó del carro.Lo único que le permitió como lujo antes de la muerte de aquella chiquilla pelirroja y ojos verdes, es que pataleara como podía, aunque solo fueran por unos instantes, inclusó que gritara fuerte.Pero después de dejar tal ventaja- No tengo tiempo,..-dijo mientras la agarraba con fuerza de sus manos y con la otra la coolocó bajo su cuello, de manera que le hizo crujir su cuello, procediendo rápidamente a beber su sangre.Una vez acabó con esta la echó fuera del carruaje, Al mismo tiempo que esta salía también, viendo porfín a petreós al lado de los corceles que tiraban del carro, oliendoles.Esta se acercó a él, y le quitó aquél trozo de madera en sus rientas, tirandolo cerca del cadáver del chico. Esta le carició el lomo y le susurró algo al oído, finalmente esta lo amarró entre los trés corceles, de manera que quedaban a la derecha el corcel blaco con sombreados grises, en medio Petreos y por último un caballo de crin negra y cuerpo marrón. Esta echó un último vistazo a quienes serían sus acompañantes, quienes también acabaron cun se respectívas víctimas.Sonrió, se limpió la sangre de sus labisos.Miró al cocheró, el cual no se inmutó ni tan siquiera un poco.Miró a la chiquilla,a quien parecía ser la que les trajo al lugar. - Cuando gusten nos morchamos, creo que ya estamos satisfechas-dijo manteniendo se tono sombrío, al igual que el color de sus pupílas rojo rubí.Alzó un pié despues el otro, para introducirse en el carruaje, en espera de quien llevaba el mando comenzase el camino, para asi seguidamente ir el resto. _________________  | Spoiler: | | |  |
"Ya queda menos para el nuevo despertar, mi chiquillo" |
|  | | Lillith

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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Jue Feb 18, 2010 12:40 am | |
| Lillith miró con altivo desdén a las mujeres que pasaron ante ella, dirigiendose a la salida con prontitud, al parecer, querian los dioses que esa misión en particular fuese una guerra de diosas, puesto que el único hombre había sido demasiado débil como para ser parte de ello.. Cuatro hermosas valkirias de diferentes clanes, diferentes ideologias, diferente caracter y una sola meta: Recuperar aquel Códice y ganar la vitae que la vampiresa de plomizos orbes les enseñara. La noche, límpida y hermosa, se desdibujaba con los ultimos estertores de nocturnidad, debían salir de prisa, si no querian que el amanecer las tomase como rehenes y víctimas antes de subirse a los carromatos, donde, si deseaban, porían descansar plácidamente, pues los cocheros, simple ganado y sirvientes de los Guardianes de las Crónicas, jamás se atreverían a levantar un dedo en contra de la Dama de las Serpientes y sus fina invitadas. -Hécate, hermosa mía, ven conmigo al carruaje-Susurró la chiquilla de largos cabellos, dirigiendo una ultima y larga mirada a sus acompañantes, sonriendoles con una mezcla de desdén y fraternidad que facilmente podria confundirse con altanería -Mis señoras, espero que el obsequio haya sido de su agrado, ahora por favor, ponganse cómodas, el dia esta por despuntar y un largo viaje nos espera-Con una última mirada burlona, la chiquilla penetró en su carruaje, el primero de la caravana; a simple vista, eran carruajes de nobles damas transitando por los caminos y veredas, nadie sospecharia que dentro, cuatro temibles vampiresas dormian al abrigo de la penumbra y lejos de los ardientes rayos del sol, que ya se encontraban altos, denotando el largo camino que las Hijas de la Noche habian recorrido. Tiempo de sueño, valses incompletos que teje Mab con sus infinitas telarañas de poderío y regocijo, notas agudas y sibilantes que poco a poco van haciendo eco en las mentes de las viajeras; Hécate vigila, se mantiene alerta a cualquier cosa que pueda importunar el descanso de su ama, no se separa de ella ni siquiera cuando, tras un recorrido cansado, los animales se detienen a comer y beber antes de continuar la carrera que termina, abruptamente, momentos antes de que el sol se ponga, en el camino principal que conduce al desierto de Pragath Soldado: -Alto ahi!; en nombre de la Orden de la Rosa y sus ilustres Cardenales!-Los carruajes se detienen, una grupo de avanzada conformado por ocho hombres armados con lanzas y espadas de tipo florete, gruesas sogas y cadenas, e incluso, un par de ellos llevan estacas de madera terminadas en una rosa tallada, !como se las gastan estos mortales!. Hécate es la primera en descender de los carromatos, aun faltan unos minutos para que el sol se pongan y las mujeres son presa fácil de ese grupo que, entre miedo y deber, se acercan con paso decidido a los carruajes, espada en mano. Cochero: -Deteneos, señores!, mis nobles damas jamas perdonarian una intrusión de este tipo!-Hécate vuelve al carromato, sisea, serpentea, glisa y ondula sobre el cuerpo de Lillith, queriendo despertarla, igual el caballo que pertenece a Evangeline, se encabrita, corcovea, se queda piafando nervioso por aquella irrupcion que pondra en riesgo a su dueña.. Noventa segundos.. Los cocheros intentan detener el avance de los soldados Sesenta segundos.. Los cuerpos inertes de aquellos hombres yacen en los linderos del camino, la Orden tiene estrictas reglas acerca de aquellos que protegen seres del averno como los que suponen, viajan ahi.. Teinta segundos.. Hécate sisea peligrosa, plantada ante la puerta del carromato de su ama Cinco segundos.. El sol da sus ultimos estertores, sus ultimos rayos.. ..Un suspiro, un grito, un suave y lento clamor que sale desde dentro de los carromatos.. Las cuatro Erinnias de la noche habian despertado.. ********** Offrol: Chicas, pueden cargarse a UN solo soldado por chica, en esta vuelta, tienen libertad de accion y/o narración, a la que se cargue a un PnJ de mas o corte acciones de otra jugadora, tendra uha muerte dolorosa ^^ Suerte! _________________  |
|  | | Victoria de Valo Sweet Pandemonium

Posts: 200 Join date: 26/08/2009 Location: Errante en busca de una luna azul y una estrella blanca...
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 | Tema: Re: Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad Jue Feb 18, 2010 6:00 am | |
| Ya había terminado. El fin de mi cena marcaba un antes y un después en aquella travesía. A pesar de que el aire era infinitamente más puro en el exterior, era consciente que muy pronto resultaría más recomendable fundirme con la temperatura, más cálida, del carruaje. Las palabras de Lilith, que también se regodeaba en su matanza, no tardaron en recordármelo: -Mis señoras, espero que el obsequio haya sido de su agrado, ahora por favor, ponganse cómodas, el dia esta por despuntar y un largo viaje nos espera- Crucé una leve mirada con la vampiresa que había salido al último para avisar que ya había terminado. No me sorprendió comprobar que su mirada amarilla era ahora más rubí que otra cosa. Efectos de la sangre... ¿Qué más podría ser? La saludé con un grave gesto de cabeza y, suspirando, volví a mi lugar con presteza, seguida por el cochero, que selló la puerta del que sería mi refugio aquel día. Me apoyé con languidez en el asiento y permanecí silenciosa y tranquila durante algunos instantes, preguntándome cuánto tiempo tardaría en llegar el día para sumirme en un sueño que me liberara durante un rato del tedio de avanzar. Pasaron algunos minutos. La sensación de peligro al haber un factor que podría dañarme allá fuera se incrementó y pronto pude cerrar los ojos. Tuve clara consciencia de cuándo fue que el sol iluminó nuestro alrededor haciendo que la temperatura ascendiese. Presentí que el calor en aquel espacio reducido se haría pronto insoportable, más no tuve tiempo de lamentarlo, pues sentí entonces como si me clavase alguien una daga y perdí el conocimiento, cayendo en un profundo letargo satisfecho de si mismo. Dormir siempre se me ha hecho una experiencia singularmente extraña. Mis sueños, cuando los tengo, siempre son distintos y algunas veces entrañan significado. Pero aquel día no soñé nada. Todo estaba en blanco, como si mi mente quisiese descender más profundamente en la nada para hacerme descansar con mejores resultados. De alguna forma, sabía que estaba muy rígida sobre el asiento y respiraba suavemente, percibiendo en un punto muy lejano de mi ser que algo debajo de mí se movía rítmica y pausadamente. El tiempo fue un parpadeo y algo eterno e interminable. Para cuando mis músculos inmóviles detectaron así mismo la carencia de movimiento que los arrullaba con el canto de las ruedas asidas al carruaje, podía percibir el influjo de la luna y la noche que, poco a poco, iban acercándose para envolvernos de nuevo con una aplastante frescura de desierto, incluida la brisa salvaje del Norte, que nos devolvió el aliento que nos faltaba para despertar al abrigo de una oscuridad que protegería nuestros corazones y nuestros cuerpos. .Aunque no podíamos cantar mi nombre todavía. Aún éramos demasiado vulnerables bajo la celda que construían los débiles rayos de sol que perecían lentamente en el horizonte Pocos se atreven a perforar las redes que tienden los peligros de la Oscuridad. Pero ésta aún no reina y somos débiles ante la luz. Queda esperar. El sol se irá y la luna vendrá. Seremos libres otra vez y podremos asesinar a la pureza... Lentamente, voy recobrando uno a uno los sentidos. El primero que acojo con placer es el oído. Él me permite escuchar una oración que me disgusta, un par de eventos que me llenan de silenciosas promesas de una muerte que no es la mía. -Alto ahi!; en nombre de la Orden de la Rosa y sus ilustres Cardenales!- Aspiro un aire que contiene el embriagante perfume de una salvaje libertad y un indomable lugar. Lentamente vuelvo a percibir los latidos perezosos de un corazón que se niega a dejar de latir en un muerto cuerpo y mientras pienso en esto, oigo la voz de seres que intentan proteger ese corazón de la destrucción final, de ser atravesado por una estaca. -Deteneos, señores!, mis nobles damas jamas perdonarian una intrusión de este tipo!- Es verdad. Si tan sólo pudiera moverme... Pero no. Mi inmovilidad no se desvanece lentamente. Después del oído, puedo por fin abrir los ojos para mirar el techo de lo único que me rodea ahora: el carruaje. Impaciente aguardo a estar en condiciones de pelear, pero ya es tarde para los cocheros, que, uno a uno, han caído bajo el peso de un acero demasiado afilado como para ser detenido por sus blandas carnes. Pasan segundos que parecen no terminar. La sangre comienza a circular por mis heladas venas, otorgando no-vida a mis nervios petrificados y entonces vuelve a ser mía mi voz, con la que jadeo involuntariamente. Ya estoy lista. Viva, o lo más parecido a eso. En mis ojos hay un brillo helado, el azul no es cálido en lo absoluto. En el más absoluto silencio recojo mis armas. Aún no sé a qué cantidad ímpia asciende el número de mis enemigos, más no estoy dispuesta a morir de esa manera. No esta noche, no cuando apenas empezamos. Mi mano busca en la penumbra la manera de salir. Abro la puertecilla del carruaje intentando no hacer ruido alguno y como una sombra me deslizo fuera. No necesito mucha cubierta, sólo la suficiente para atacar por sorpresa. No me hace falta mucha observación para descubrir que nos doblan en número los atacantes. El cuerpo sin vida del cochero que me dispusieron no está lejos de mí y nos rodean. Malditos sean todos los humanos, es toda una masacre. Y nos matarán también si nos descuidamos... Pero no estamos tan indefensas. Han llegado en mal momento... si tan sólo nos hubieran alcanzado un poco antes, estaríamos acabadas de la manera más indigna. Me estremezco sólo de pensarlo y desenfundo mis sais de la muerte, armas que considero preferidas... pues tienen un filo largo que me es muy útil. Sé que no tardarán en descubrirme; tampoco es mi intención permanecer escondida mucho rato, pero con tantos enemigos, mi ataque debe ser inteligente y bien pensado. En los otros carruajes también hay actividad, mientras las chicas se preparan, yo me enfrento a un mozalbete que me amenaza con la espada. Lo mido con la mirada y lo rodeo lentamente. Jugar es ya un acto inconsciente, algo que me otorga tiempo y entretenimiento. Serán cazadores, pero también constituyen una presa. La sed siempre despierta con nosotras, y siempre hay un espacio en el estómago para más sangre fresca. El fintar y llenarlo de cautela dura un par de minutos. Justo cuando creo que va a atacarme en verdad, mi mirada azul se vuelve mortífera y enloquecida y se clava inclemente en los ojos despejados de la víctima que se yergue enfrente de mí. Activo mi poder de Dominación. No lo he usado más que un par de veces en el pasado, pero creo que me servirá en esta ocasión. - Quieto- siseo con serenidad y una de mis sais encuentra su camino hasta el corazón del atacante, matándolo al instante. Magnífico; ese es uno de mis raros tiros con demasiada suerte. Quedan siete. No estoy tan loca como para creer que puedo con todos yo sola. Pero, por suerte, no estoy sola. Otras vampiresas me acompañan... cada una debe librar su propia batalla. Yo sólo puedo atrincherarme en el escudo que me he conseguido. Sostengo antes de que se desplome el cadáver del cazador y, luego de sacarle la sais, muerdo el cuello desprotegido del muerto, bebiendo un poco de su mustia sangre antes de que se coagule y resulte mortal para un Caminante Nocturno. Ese cuerpo es el escudo. A menos que me ataquen por detrás, mientras lo arrastre se le clavarán todas las armas que se puedan. Al menos por un tiempo... servirá. No mucho, calculo, pero sí lo suficiente como para asegurarme que estas personas no cuenten con arcos entre su arsenal. |
|  | | | | Capítulo I: Códices Malditos, el despertar de la Oscuridad | |
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